A ritmos constantes el sensor óptico brilla, con diferencias mínimas frente a la correa pectoral. Sin embargo, en cambios bruscos, como sprints o cuestas cortas, aparece retraso apreciable y algún pico artificioso si el ajuste no es firme. Tatuajes, vello abundante y muñecas frías complican la señal. Un leve desplazamiento hacia arriba del antebrazo durante series intensas redujo errores y estabilizó el seguimiento sin perjudicar la comodidad del entrenamiento.
Bajo copas densas el ritmo marcado oscila y el trazado se suaviza con curvas inventadas; al salir a campo abierto, el mapa vuelve a calzar con la acera. Entre edificios altos, la multirruta refleja posiciones hacia fachadas brillantes. En túneles cortos, la estimación por cadencia salva el archivo sin grandes saltos. El ritmo promedio de kilómetro se mantiene útil si se analiza en bloques, no segundo a segundo.